CULTURALES | NOTICIA FECHA: 25/08/2019
Christian Ortíz Córdoba, especial para El Rosalenio

Borges a través de las rugosidades de la literatura y del tiempo

Borges a través de las rugosidades de la literatura y del tiempo

Ayer se cumplieron 120 años del nacimiento de Jorge Luis Borges y en homenaje se celebra el día del lector, en nuestro país. Resulta curioso que en esta fecha no se celebre del día del escritor, pero la respuesta nos la da el mismísimo Borges al pronunciar su célebre frase:

"Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído".
Y es verdad, este autor empleó como materia prima de su obra, la biblioteca. Hijo de un profesor, Borges resaltó en innumerables ocasiones la importancia de haber heredado aquella biblioteca compuesta en su mayoría por libros ingleses,

“¿Me será permitido repetir que la biblioteca de mi padre ha sido el hecho capital de mi vida? La verdad es que nunca he salido de ella, como no salió nunca de la suya Alonso Quijano.”
La comparación con el Quijote es un mecanismo constante en su obra, como la reactualización de eventos relatados en libros sagrados como el Corán o la Biblia.

Pero la fama que acompaña a Borges es la de un escritor de lectura difícil, así que la pregunta que todo el mundo se hace es ¿Cómo comienzo a leer a Borges?

Para comenzar, tendríamos que reconocer los temas centrales de su obra: los cuchilleros, los laberintos, reflexiones sobre el lenguaje, sobre el infinito, sobre el destino y la biblioteca como espejo del mundo. Un detalle más, este escritor es tal vez uno de los ejemplos más memorables de una inteligencia que se vale de diversas áreas del conocimiento: la filosofía, la literatura, la matemática, la física, la historia, etc. La literatura borgeana es la biblioteca en movimiento.

Su influencia abarca hasta nuestros días, incluso hasta nuestra ciudad. Resulta inapelable su influencia principalmente en la obra de la escritora María José Rodriguez, quien recita en su quinta minotáurica:
“He recorrido el templo
tal vez catorce veces….”

evocando al minotauro que Borges nos presenta como un niño que juega, proponiéndonos contemplar su punto de vista desde adentro del laberinto en su clásico “La Casa de Asterión”.
Tambien podemos abrir la puerta al mundo borgeano en la frase de un poema del escritor Sandro Alvarez, que comienza su cuento “La evocada” diciendo:

“Evocamos sin darnos cuenta
Y el tiempo fluye en el abismo”.

Y si buscamos en su lectura una resolución fantástica a nuestras preocupaciones o tal vez las palabras justas para diversas situaciones, podemos leer el “Poema de los Dones”, clásico por su comentario a la ironía de Dios, que le otorga a un bibliotecario los libros y la ceguera; un hombre que clama tiempo para terminar su obra y que Dios se lo concede de un modo misterioso en “El milagro secreto”; una oda a Beppo, la mascota de Borges en “A un gato”, hermoso poema que Pedro Aznar hizo canción en su disco “Caja de música”; una muchacha que se lleva a cabo una venganza serena en “Emma Zunz” y el clásico “El Aleph”, la ópera prima de este artesano del lenguaje, quien nos presenta la historia de un hombre (en general, los protagonistas se llaman como el autor) quien debe recorrer un arduo camino, buscando a Beatriz, hasta que alcanzar una revelación trascendental, un cuento en perfecto diálogo con La Divina Comedia.
Para terminar, uno de los mejores poemas del maestro:

“Para una versión del I King”

El porvenir es tan irrevocable
Como el rígido ayer.
No hay una cosa
Que no sea una letra silenciosa.
De la eterna escritura idescifrable
Cuyo libro es el tiempo.
Quien se aleja de su casa ya ha vuelto.
Nuestra vida
Es la senda futura y recorrida
El rigor ha tejido la madeja
No te arredres.
La ergástula es oscura,
La firme trama es de incesante hierro
Pero en algún recodo de tu encierro
Puede haber una luz, una hendidura
El camino es fatal como la flecha
Pero en las grietas está Dios, que acecha.

Jorge Luis Borges

 

 


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