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El 26 de febrero último falleció, en su casa de Buenos Aires, Francisco Wichter, el último sobreviviente de la lista elaborada por el empresario Oskar Schindler (1908-1974), a cuyos integrantes ocupó en su fábrica de municiones de Brünlitz, Checoslovaquia, salvándolos así del holocausto judío.
En 1945 el propio Schindler les dijo a sus empleados unas pocas palabras que, a esa altura de sus vidas, creían imposibles de escuchar: "son libres". Alemania se había rendido, Adolfo Hitler se había suicidado y la Segunda Guerra Mundial comenzaba a extinguirse. Los empleados de la fábrica habían logrado, gracias a los sobornos que pagaba Schindler a los oficiales alemanas, que todos los incluidos en su lista de trabajo no fuesen enviados a Auschwitz, el tétrico campo utilizado por los nazis para el exterminio de sus prisioneros.
Entre los obreros que salieron de la fábrica estaba Feiwel Wichter, número 371 de la lista, un polaco de 19 años de edad que había logrado salir con vida de media docena de campos de concentración, en los cuales habían muerto su padre y sus cinco hermanos. Con su mujer, Hinda, estaban solos en el mundo.
Con la ayuda de una organización sionista logró llegar a Italia y de allí embarcar hacia la Argentina, ingresando por Paraguay, donde se radicó en 1947. Desde entonces y hasta 1993 jamás habló de su pasado, de sus noches en el bosque escondido entre las hojas, de los campos de concentración ni de Oskar Schindler. Con nadie, ni siquiera con sus hijos. Pero ese año, después de ver la película “La Lista de Schindler”, contó por primera vez su vida antes de Argentina, empezó por dar detalles a su familia y a recordar los horrores del Holocausto. Esas vivencias las volcó luego en un libro al que tituló “Undécimo mandamiento”.
Sangre de su sangre
La noticia del fallecimiento de Francisco nos llegó a través de su nieto, Tomás Wichter, periodista deportivo que vivió parte de su vida en Bahía Blanca. “Te cuento que falleció mi abuelo, quien dedicó gran parte de su vida a contar su historia y legado. Si su muerte sirve para reflotar su historia, bienvenido sea”, escribió.
En 1987 Enrique, uno de los hijos de Francisco, se instaló en Bahía Blanca, de donde era nativa su mujer. En esta ciudad abrió una juguetería con el nombre Tommy, uno de sus hijos.
Tommy tiene hoy 37 años de edad. Nació en Israel pero a los 3 meses se radicó en nuestra ciudad, donde supo cubrir la actividad de fútbol del club Olimpo para la página oficial del club. Es uno de los nietos que más se involucró con la historia de su abuelo, escribió algunas notas sobre el tema, viajó a Polonia y se encargaba de editarle sus discursos y acompañarlo en las decenas de actos a los que era invitado.
Francisco visitó en varias ocasiones nuestra ciudad para visitar a su familia, hasta que su salud y su edad se convirtieron en un impedimento para ese tipo de viajes.
Sobrevivir
Fue en plena persecución judía por parte de los nazis, que la familia Wichter decidió que algunos de sus niños se esconderían buscando sobrevivir a la guerra. Francisco fue uno de ellos e interpretó aquella decisión como una suerte de undécimo mandamiento: seguir con vida. Vagó durante meses por bosques y selvas hasta que finalmente se entregó a los alemanes.
Pasó por distintos campos de concentración hasta llegar al de Plaszow, en Cracovia, donde logró ser incorporado de la lista de Schindler, el hombre que les daba trabajo en su fábrica de municiones, un pasaporte a la vida.
Con la muerte de Francisco se cerraron los últimos ojos que vieron y sufrieron aquel horror, la masacre que costó la vida a seis millones de judíos. Necesitó su tiempo para hablar, pero una vez que lo hizo se convirtió en la voz y referente de aquellas víctimas.
Vivió 80 años más desde que abandonó la fábrica de Schindler. Descansa ahora en el Cementerio Israelita de La Tablada.