CULTURALES | NOTICIA FECHA: 06/08/2017
María Eugenia Swiryd, técnica en maquillaje artístico.

El sutil encanto de ayudarnos a ser otros

Sin dudas, de un tiempo a esta parte asistimos a un proceso de crecimiento artístico en la ciudad, suscitado de forma referencial por el auge de la actuación y la construcción de público teatral. Esto está ocurriendo tanto desde el ámbito público como también por parte de los grupos independientes, que han comprendido que la oferta en cuanto producto artístico cultural debe incluir cada vez más profesionalismo y visión integral del espectáculo.

Las producciones hoy tienen un significativo incremento en recursos aplicados, como el sonido, la iluminación, el vestuario, el maquillaje y la promoción comunicacional, lo que les permite también marcar una diferencia que los acerca cada vez más al circuito profesional. Lo propio sucede con las obras generadas en los talleres de actuación del municipio y esto habla claramente de una visión hacia donde se encamina el hecho teatral.

Uno de esos recursos calificados es el maquillaje, tan importante para el actor como para el espectador, ya que forma parte del acuerdo artístico, de aquello que no está narrado, pero que inmediatamente se corre el telón queda claro con el sutil encanto de las máscaras.

“El maquillaje es un arte, que atraviesa del mismo modo a la obra y al trabajo del actor. En el proceso de formación del personaje, si bien es el mismo actor quien lo crea y lo moldea, el maquillaje es el que le termina de dar vida. Tiene como función dramatizar las facciones del rostro, acentuándolas, exagerándolas, deformándolas o difuminándolas según lo que requiera el personaje. Incluso si miramos más para el lado de la caracterización se puede decir que la máscara de rostro hace en un 70 por ciento al personaje”, expresó María Eugenia Swiryd, técnica en maquillaje artístico y una de la profesionales más elegidas por los realizadores locales.

“Respecto al trabajo del director lo que sucede es una primera comunicación donde se pacta una reunión para la presentación de la obra, de la historia, el libreto, los personajes. En un primer encuentro él me da su visión de cada personaje que me va a tocar maquillar o caracterizar, me indica qué es lo que espera de ese maquillaje y cómo quisiera que complemente al personaje. Luego le presento mis ideas en forma de bocetos y juntos llegamos al trabajo final”.

“El mayor desafío -más allá de la dificultad técnica- fue a nivel personal. Era uno de los trabajos con los que me recibía de la tecnicatura en maquillaje, y tenía que caracterizar a un Jesucristo crucificado, con todo lo que eso implica: sangre, cortes, moretones y sobre todo realismo, mucho realismo, para que se aprecie bien desde la platea. El personaje formaba parte de la obra de fin de año de los alumnos de actuación y trabajamos todos en conjunto; por lo tanto los nervios eran aún mayores y la presión crecía a medida que pasaban las horas, porque sabía que esos espectadores iban a ser los más exigentes de mi carrera, ya que en su mayoría serían familiares y amigos de todos los que trabajábamos para que esa obra fuera posible”, recordó “Maru”.

La posibilidad creativa de creer ser otro

El teatro potencia, desde lo actoral, la fantasía de vencer esa cuarta pared, basada en el acuerdo tácito de espectadores y actores, de que todo lo que sucede en el escenario es como en la vida misma o más allá de ella.

De allí que la fantasía permite fortalecer el acto creativo hasta considerar que lo abstracto también existe. Quien no recuerda en este punto a la maravillosa “ART” que planteaba como nudo argumental la subjetividad de la visión del arte solo a partir de un cuadro enmarcado.

“El mundo fantástico, el arte y sobre todo la pintura en general hacen que pueda inspirarme y ver más allá de la técnica como algo sirve para complementar un personaje. Maquillar es un arte, y mi trabajo consiste en pintar lienzos vivos, llenarlos de historias, completarlos”.

“Pintar un cuerpo es un hecho artístico realmente mágico, te conecta con la persona a través del arte. El maquillaje social o diario, desde mi sensación personal, nos hace sentir mejor con nosotros mismos. No pasa por la mirada del otro, por como nos perciben, sino que se trata de un gusto personal, que hace resaltar aún más nuestros rasgos y nos llena de color. Muchas veces al sentirnos y vernos bien cambiamos la actitud ante el mundo”, destacó María Eugenia.

“Mi llegada al mundo del maquillaje fue un poco de casualidad. Siempre me gustó la pintura y el dibujo; de echo estoy estudiando para ser profesora de arte. En esa búsqueda con mi ser más artístico fui descubriendo materiales y técnicas, hasta que encontré los maquillajes de mi mamá y empecé a experimentar en mí, pero lo que más me gustaba era hacerlo en otras personas. Cuando terminé el colegio estudié un año de abogacía, pero no era lo que quería hacer el resto de mi vida; así que dejé todo y me anoté en la escuela de teatro, donde cursé la tecnicatura en maquillaje y me recibí en el año 2012. Fue la mejor decisión de mi vida. A veces hay que dejar de lado la opinión ajena y enfocarse realmente en lo que a uno lo mueve. La pasión por lo que hacemos nos hará entender que los límites son mentales y que siempre vale la pena jugársela por lo que uno ama”, concluyó.


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